Introducción

El grado de industrialización de una economía ha sido considerado como un indicador tradicional del desarrollo económico de los países. En la experiencia internacional, el crecimiento del tamaño del sector industrial ha sido acompañada de mayor diversificación económica y aumentos en la productividad (Rostow, 1960); mejoras estructurales en la educación, la salud y las infraestructuras (Kuznets, 1966); reducción de la pobreza y mejor acceso a bienes y servicios (Rodrik, 2007). En general, se considera que el sector industrial ha sido el principal canal hacia el crecimiento económico (Rodrik, 2014). Las economías hoy en día avanzadas apalancaron su desarrollo en las ventajas de la industrialización, alcanzando elevados niveles de riqueza (Rodrik, 2015).

En las últimas décadas, sin embargo, la mayoría de las economías avanzadas han experimentado una sostenida caída en la fracción del empleo de los sectores manufactureros, caída impulsada por los avances tecnológicos y el comercio internacional. En este contexto, países de ingresos medios y bajos también han experimentado un proceso de desindustrialización, pero sin haber alcanzado el nivel de desarrollo de las economías avanzadas; lo prematuro de este proceso ha privado a economías todavía pobres de un impulsor de primer orden del crecimiento económico, profundizando las brechas de desarrollo con las economías más prósperas.

¿Es Venezuela una economía posindustrial?

De acuerdo con el Banco Central de Venezuela, para 2019, aproximadamente 8 de cada 10 trabajadores venezolanos se encontraban en el sector de comercio y servicios, una fracción superior en 5,3 pp a la fracción del empleo en servicios de los EE.UU. el mismo año. (Fig. 1). Para el año 2023, la fracción del empleo venezolano en el sector comercio y servicios se ubica en aproximadamente 84%.

Figura 1: Estructura sectorial del empleo de Venezuela (Panel A) y Estados Unidos (Panel B). En %. Año 2019.

Siguiendo a Rodrik (2015), Venezuela, al igual que los EE.UU., tendría una estructura económica típicamente posindustrial, pero con inmensas diferencias de ingreso y desarrollo, lo cual es reflejo de los bajos niveles de productividad sectorial en Venezuela [1]. De hecho, en 2019, la productividad laboral total de Venezuela era solo el 5% de la de EE. UU. (Fig. 2).

Figura 2: Productividad laboral total y sectorial de Venezuela como proporción de la de Estados Unidos (%), en el año 2019.

La persistencia en Venezuela de amplias brechas de productividad laboral por sector [2], denotaría que el proceso de desindustrialización ocurrió de manera prematura, privando del motor de crecimiento industrial a una economía empobrecida que, a diferencia de algunos países asiáticos, hizo una transición hacia una economía basada en servicios sin haber construido un sector industrial robusto y productivo (Rodrik, 2015). En las economías avanzadas como los EE. UU., a diferencia de los países en desarrollo, la desindustrialización implica la reubicación de recursos fuera del sector industrial, pero sin afectar la productividad total, debido a que todos los sectores económicos son altamente productivos y las brechas intersectoriales de productividad son relativamente pequeñas (McMillan y Rodrik, 2014).

Ya para el año 1999, en los EE. UU. el sector servicios, que acumulaba 66,3% de su fuerza laboral, tenía una productividad equivalente al 91% del sector industrial, el sector más productivo de esa economía. Por su parte, en Venezuela, el sector servicios mostraba solo el 21% de la productividad del sector industrial, también el sector más productivo. De hecho, si uno mide la diferencia relativa de productividad entre los distintos sectores de la economía, la variabilidad entre sectores de la economía venezolana era más del doble que la de EE.UU. Este hallazgo tiene importantes implicaciones si se analiza, de manera conjunta, la productividad sectorial y la distribución del empleo [3].

¿Desarrollo sin industrialización?

En general, se considera que el sector industrial genera externalidades positivas para el resto de la economía y promueve el crecimiento económico. El industrial es un sector tecnológicamente dinámico que genera incentivos para la innovación y, a su vez, tiene la capacidad de absorber mano de obra poco calificada, asegurando la productividad de amplios estratos de la fuerza laboral y, al ser un sector transable, supera las limitaciones del mercado doméstico (Rodrik, 2015).

En el caso de Venezuela, la evidencia indica que el proceso de desindustrialización prematura ha avanzado en las últimas décadas. La proporción de mano de obra en el sector industrial se redujo, en promedio, 0,4 pp anuales entre 1999 y 2023, mientras que la proporción de trabajadores en el sector de servicios reflejó un incremento promedio de 0,5 pp anuales (Fig. 3). Particularmente desde el año 2015 se evidencia un colapso del empleo industrial, que pasa de 21,5% a 3,5% del total del empleo en 2023; por su parte el empleo en servicios (incluyendo al sector público y la banca) creció desde 71,8% hasta 84,0% en el mismo período.

Figura 3: Estructura sectorial del empleo en Venezuela, en el periodo 1999-2019 y 2023

La observada tendencia secular a la reducción del peso relativo del empleo en el sector de mayor productividad (industria), y el crecimiento simultáneo del empleo en el sector de menos productividad (servicios), ha sido el principal determinante para que la brecha de productividad laboral total del país, relativa a los EE. UU. se haya ampliado en los últimos años. De hecho, en el año 1999, el producto por trabajador empleado de Venezuela representaba el 16% del de EE.UU., alcanzando un máximo de 27% en 2012, para luego colapsar a menos del 5% a partir de 2019 [4]. 

Figura 4: Producto por trabajador empleado de Venezuela relativo al de EE.UU. periodo 1999-2023.

Discusión final

Venezuela muestra, en términos de la distribución sectorial de la fuerza laboral, una estructura similar a la de EE.UU.,  con la mayor parte de sus trabajadores en el sector de servicios. Esta estructura económica similar a la de economías avanzadas, pero con profundas diferencias en productividad laboral, es similar a lo que la literatura ha llamado proceso de desindustrialización prematura, es decir, la pérdida del tejido industrial en países cuyo nivel de desarrollo y nivel de riqueza es todavía bajo. (Rodrik, 2015). La ausencia de un sector industrial limita las condiciones de la economía para el crecimiento y para hacer frente a los retos que suponen la expansión del comercio internacional. Este proceso puede ser aún más agudo en países explotadores de materias sus primeras, donde la extracción de recursos naturales produce industrias intensivas en capital físico y altamente productivas, pero con poca capacidad de absorber grandes cantidades de mano de obra, generando  excedentes en la fuerza laboral que la economía formal es incapaz de absorber eficientemente (McMillan y Rodrick, 2014).

Aunque la tendencia a la desindustrialización es un fenómeno que ha sido similar para otros países de América Latina (Rodrik, 2015), la mínima proporción que ha alcanzado el empleo industrial de Venezuela lo hace un caso particularmente grave de dicho fenómeno. 

Cifras preliminares indican que solo el 3,5% de la fuerza laboral de Venezuela está empleada en el sector industrial, una cifra 6 veces menor al empleo industrial de 1999. La profunda crisis económica 2014-2021 desarticuló aun más el tejido induustrial del país, lo cual, en sí mismo, compromente las perspectivas futuras de recuperación económica. En las últimas dos décadas no hay indicios de convergencia en los niveles de productividad laboral entre Venezuela y los países avanzados, al contrario, las últimas cifras disponibles indican que la productividad laboral total de Venezuela es apenas el 5% de la productividad de los EE. UU., cifra que es un mínimo histórico.

El proceso de recuperación de la economía venezolana pasa, necesariamente, por la reahabilitación del sector industrial del país, como pieza imprescindible para expandir la producción de empleos de mayor calidad, con mayor tendencia a la formalidad y de mayor valor agregado (CAF, 2018). El cierre de la brecha de productividad laboral entre Venezuela y las economías avanzadas dependerá, en el futuro, de darle mayor peso en la estructura productiva del país a sectores de mayor valor agregado que el sector servicios. El diseño e implementación de políticas públicas para el desarrollo productivo del país y para la recuperación de su tejido industrial, deberá formar parte integral de cualquier agenda que de reformas que tenga el foco en el crecimiento económico y en los retos competitivos que enfrenta el país en un mundo globalizado.

Notas

[1] Las brechas de ingreso entre países desarrollados y en vías de desarrollo, son explicadas por la brecha de productividad (CAF, 2018). Niveles de productividad laboral como el cociente entre el número de trabajadores y el Producto Interno Bruto.

[2] Se estima la población ocupada por sector económico con microdatos de encuestas de hogares y se utiliza el PIB sectorial en dólares. Cifras de CEPAL y OECD.

[3] Se divide la desviación estándar de la productividad sectorial entre la media aritmética de la misma variable, para estimar el grado de heterogeneidad en la productividad sectoiri al de cada economía. Para el año 1999, la variabilidad entre sectores en Venezuela fuel 90,3% Vs. 38,0% de los EE. UU.

[4] Fuentes: WEO/IMF y TCB Total Economy Database.

Referencias

(CAF). 2018. Instituciones para la productividad: hacia un mejor entorno empresarial.

McMillan, M., Rodrik, D., Verduzco-Gallo, I. 2014. Globalization, Structural Change, and Productivity Growth, with an Update on Africa. World Development, vol, 63, pp 11-32. https://doi.org/10.1016/j.worlddev.2013.10.012.

Rodrik, D. 2007. One Economics, Many Recipes: Globalization, Institutions, and Economic Growth. Princeton University Press. https://doi.org/10.2307/j.ctvcm4jbh

Rodrik, D. 2014. The Past, Present, and Future of Economic Growth. Challenge, Vol. 57(3), pp 5–39. http://www.jstor.org/stable/24643517

Rodrik, D. 2015. Premature deindustrialization. Journal of Economic Growth, Springer, vol. 21(1), pp 1-33. DOI: 10.1007/s10887-015-9122-3.

Rostov, W. 1960. The Stages of Economic Growth. The Economic History Review. Second Series, VOL 12(1). https://doi.org/10.1111/j.1468-0289.1959.tb01829.x.

Kuznets. S. (1966). Modern Economic Growth. Rate, Structure, and Spread. The Economic Journal, vol 77, pp 882-883. https://doi.org/10.2307/2229582.

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