Introducción

¿Cada niño/a que crece en Venezuela tiene la misma oportunidad de tener éxito económico al crecer, o la situación económica de sus padres determina su estatus económico futuro? La movilidad intergeneracional económica es el concepto utilizado por los economistas para estudiar esta pregunta. Este indicador mide la relación entre el nivel educativo o ingresos de los padres y el nivel educativo o ingresos de los hijos, mostrando en qué medida los antecedentes familiares influyen en las perspectivas educativas y laborales de los individuos (Xie y Killewald, 2013). Cuando hay un nivel bajo de movilidad intergeneracional, los antecedentes familiares juegan un papel importante en el éxito posterior de los niños/as (Mazumber, 2022), mientras que, en una sociedad con alta movilidad, los antecedentes familiares no son determinantes en el éxito futuro. Una analogía útil es pensar en una carrera de relevos: cada corredor debería tener la oportunidad de demostrar su habilidad independientemente del rendimiento del corredor anterior, pero en una sociedad con baja movilidad, el desempeño del primer corredor (padres) influye significativamente en el segundo corredor (hijos).

La literatura económica sugiere que los países con mayor desigualdad de ingresos tienden a ser aquellos en los que las ventajas/desventajas económicas se transmite entre padres e hijos [1] (Corak, 2013). Las altas diferencias de ingreso pueden perpetuar la movilidad intergeneracional por varios mecanismos: desde la calidad de la atención prenatal (Cholly y Durlauf, 2022); el acceso a recursos educativos; o, el tiempo que los padres pueden dedicar a sus hijos. En general, el desempeño socioeconómico futuro de los niños dependerá, parcialmente, de aspectos como las habilidades cognitivas y rasgos heredados de los padres (Heckman et al., 2006), o la inversión en formación de capital humano (Becker, 2018).

En Venezuela, la profunda y prolongada crisis económica reciente significó, entre otras cosas, un aumento sin precedentes en la desigualdad, situando al país como líder regional en este renglón. Se estima que para 2023 el coeficiente Gini [2] se ubicó en 0,59 (desde 0,48 en 1998 [3]). El escenario de un país con alta desigualdad plantea numerosos desafíos con miras a una recuperación económica sostenida e inclusiva. Uno de ellos es dilucidar si las condiciones de precariedad económica que le tocó vivir a la actual generación de venezolanos, serán determinantes en las oportunidades de las generaciones futuras.

En este policy brief, se estima la movilidad intergeneracional en Venezuela durante el período 1994-2021 a través de tablas de movilidad que calculan la frecuencia en que un padre de determinado nivel educativo reside con un hijo de determinado nivel educativo y cómo esta proporción varía de una generación a otra, siguiendo la metodología de Xie y Killewald (2013). Para este trabajo se utilizaron microdatos de las Encuestas de Hogares por Muestreo (EHM) del INE 1994-2015 y la de ENCOVI durante 2016 y 2021.  

La conclusión principal de esta investigación es que se observa una importante disminución en la movilidad intergeneracional en Venezuela en la última década. Este fenómeno estaría asociado con los pocos incentivos que encuentran las generaciones jóvenes para acumular capital humano a través de la educación [4], como queda en evidencia con el aumento en la proporción de jóvenes que no estudia ni trabaja (conocida como población “Nini”).

¿Menos oportunidades para los jóvenes? Evolución de la movilidad intergeneracional educativa en Venezuela

El análisis de movilidad intergeneracional estima, a partir de microdatos de encuestas de hogares, el número de familias cuyos padres residen con hijos entre 15 y 24 años, clasificando el nivel educativo de los mismos en cuatro niveles: sin estudios o preescolar, primaria, secundaria y terciaria completa. Con esta información, se construye una tabla de movilidad que muestra cómo se distribuyen los diferentes niveles educativos entre padres e hijos, para posteriormente calcular la proporción de padres e hijos en cada nivel [5].

El Gráfico 1 muestra la movilidad absoluta [6] y ascendente [7] en educación durante un periodo de 27 años en Venezuela. El primer hecho que se desprende es que la movilidad absoluta, definida como la proporción  de casos donde padres e hijos difieren en nivel educativo, se mantuvo relativamente estable entre 1994 y 2001. A partir de 2001, el indicador de movilidad absoluta aumenta hasta un máximo en la generación del 2015. La mayor movilidad absoluta de este período, sin embargo, estuvo determinada por el aumento en la movilidad descendente, es decir, por el crecimiento en la proporción de hijos con un nivel educativo inferior al de sus padres. A partir de 2015 se observa una caída de 28% en la movilidad absoluta, pero esta vez determinada por el retroceso en la movilidad ascendente, es decir, por la menor proporción de hijos con mejor educación que sus padres, en un contexto ya marcado por el colapso económico del país. Una mirada más cercana al indicador de movilidad ascendente, es decir, la proporción de hijos que superan el nivel educativo de sus padres [8], permite observar que este indicador se mantuvo estable entre 1994 y 2010, para luego mostrar una marcada caída de 34% entre 2010 y 2021 (Gráfico 1). Este resultado sería evidencia de que la formación y acumulación de capital humano por parte de las generaciones más jóvenes, especialmente entre 2015 y 2021, enfrentó barreras para superar la educación de sus padres, en un contexto signado por el colapso económico a partir de 2013, que redujo dramáticamente los incentivos a acumular años de educación por la caída del ingreso laboral, el colapso productivo, la crisis hiperinflacionaria y la migración.

Gráfico 1: Movilidad ascendente y descendente de la cohorte de 1994 hasta la generación de 2021

Si introducimos una perspectiva comparativa regional sobre la estimación de movilidad ascendente en Venezuela [9] (Gráfico 2), se observa que los venezolanos se encuentran a la cola de la distribución en cuanto a la proporción de familias cuyos hijos superan el nivel educativo de sus padres. De hecho, Venezuela ocupa el cuarto lugar entre los países con la menor proporción de jóvenes que logran ascender generacionalmente, solo superada por Honduras, El Salvador y Nicaragua. Por otro lado, los países con los mayores índices de movilidad ascendente son Brasil, Colombia, México y Perú.

Gráfico 2: Movilidad ascendente en América Latina [8]

Fuente: Cálculos propios y WB Global Database on Intergenerational Mobility

Canales de transmisión de la movilidad educativa

Una de las explicaciones detrás de la relativamente baja proporción de jóvenes venezolanos que actualmente supera el nivel educativo de sus padres, está relacionada, como se mencionó, a la ausencia de incentivos para acumular capital humano a través de la educación por parte de los hijos, por un lado, y a la caída en las condiciones socioeconómicas y el nivel de bienestar de sus padres, por el otro. Para comprender mejor esta situación, es fundamental entender los canales de transmisión de la desigualdad intergeneracional: por un lado, la acumulación de capital humano es una decisión microeconómica que los individuos toman considerando los retornos futuros de su inversión (futuros ingresos reales), por lo tanto depende del contexto económico general, por el otro lado, el bienestar de los padres, medido en términos de salud, escolarización, ocupación, ingresos y riqueza, facilita o favorece la inversión en la acumulación de capital humano de sus hijos (Berniell, Mata y Schargrodsky, 2022). Así, progenitores con mayor bienestar pueden invertir más en la educación de sus hijos, lo que genera mejores oportunidades laborales fururas para ellos, lo cual se traduce en un mayor bienestar para la próxima generación.

Como se observa en el Gráfico 3, los ingresos laborales reales de la cohorte de padres e hijos muestran un comportamiento similar. Entre 1994 y 2001, los ingresos reales experimentaron una caída del 14%. A pesar de la recuperación de los ingresos durante la primera década del 2000, impulsada por el boom petrolero (un aumento del 24%). A partir de 2015, la caída abrupta del producto interno bruto (que comenzó a finales de 2013) junto con la espiral hiperinflacionaria, provocó un desplome de los ingresos laborales reales de los venezolanos. En este contexto, es previsible que las generaciones de jóvenes entre 2015 y 2021 enfrentaran desafíos mayúsculos: primero, menores recursos familiares para adquirir capital huumano, ya que el colapso de los salarios de sus padres limitó la inversión potencial de las familias en más años de educación; y segundo, una disminución en los incentivos para estudiar, debido a la caída en los retornos esperados de la inversión en educación debido al colapso de los salarios reales.

En este contexto, la evolución de largo plazo en la movilidad intergeneracional en educación, aunque no fue homogénea, tiene una clara tendencia al deterioro. De hecho, entre 1994 y 2021 la movilidad ascendente (hijos más educados que sus padres) disminuyó 41%, mientras que la movilidad descendente (hijos menos educados que sus padres) aumentó 105%. Estos resultados delinean un país con barreras incrementales y mayores desincentivos estructurales para estudiar, que apuntan a desigualdades persistentes en el futuro.

Gráfico 3: Índice de ingreso laboral real de los padres e hijos entre 1994 y 2021 (100 = 2010)

La generación de Ninis en Venezuela

Podemos encontrar evidencia de la tendencia descrita en el incremento de la proporción de jóvenes, entre 15 y 24 años, que no estudian ni trabajan (los llamados “NiNis”) desde 2010. Se sabe que es en la franja etaria entre 15 y 24 años, donde los individuos toman las decisiones cruciales sobre la acumulación de capital humano, ya sea a través de la educación formal, o del aprendizaje que otroga la experiencia laboral. Estas decisiones están influenciadas tanto por las características individuales como por el entorno socioeconómico familiar [10]. Como se observa en el Gráfico 4, la proporción de jóvenes que no acumulan capital humano a través de la educación o el trabajo, disminuyó temporalmente hasta 2010, pero aumentó significativamente desde 2015, pasando del 20,8% al 32,9% en 2021. Aproximadamente 1.8 millones de jóvenes venezolanos están fuera de cualquier proceso de acumulación o mejora de su capital humano.

Gráfico 4: Situación educativa y laboral de los jóvenes entre 15 y 24 años en Venezuela

Al desagregar por género (ver Gráfico 5), se observa que la mayoría de los NiNis en Venezuela son mujeres; sin embargo, el problema afecta cada vez más a los hombres. La proporción de mujeres que no estudian ni trabajan aumentó de manera importante desde aproximadamente un cuarto de la población juvenil femenina en 2010, hasta alcanzar 40% en 2021. Aunque la proporción de NiNis masculinos es menor comparada con la femenina, la misma se ha incrementado desde 2010, al pasar de 13% en 2010 hasta 26% en 2021.

Gráfico 5: Proporción de jóvenes Ninis por sexo

La creciente proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan en Venezuela es un signo de la disminución de la movilidad  intergeneracional y el aumento de la desigualdad estructural en el país. La ausencia de progreso en el nivel educativo de los hijos con respecto a los padres sería consecuencia directa de la erosión de las condiciones laborales y productivas que produjo el colapso económico a partir de 2013. La caída de los ingresos laborales reales, impactó la capacidad de las familias para invertir en capital humano y distorisionó las decisiones individuales sobre adquisición de más educación. El aumento de la rigidez social perpetúa la desigualdad y limita el desarrollo económico a largo plazo.

Conclusión

La movilidad intergeneracional en educación en Venezuela ha mostrado una disminución considerable las últimas décadas. Venezuela muestra una tendencia de largo plazo a la disminución en la proporción de jóvenes que logran superar el nivel educativo de sus padres. Esta tendencia coincide con una marcada caída en los ingresos reales de las familias desde 2013, que ha limitado la capacidad de los padres para invertir en la educación de sus hijos y ha reducido los incentivos de las nuevas generaciones para continuar su formación académica.

Un aspecto crítico de esta dinámica es el aumento significativo en la proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan, conocidos como “Ninis”, quienes entre 2015 y 2021 crecieron de manera notable, alcanzando un tercio de la población juvenil.

La creciente desvinculación de los jóvenes venezolanos, en particular de las mujeres, de los procesos de acumulación de capital humano condicionará el acceso futuro a trabajos de calidad, limitando la posibilidad de mejoras sostenidas en sus condiciones de vida y las de sus familias. Este hecho constituye en sí mismo un elemento que perpetúa la desigualdad y condiciona las perspectivas de desarrollo futuro del país.

Este contexto acentúa la urgencia de políticas que promuevan la reinserción educativa y laboral de los jóvenes venezolanos, comenzando por un proceso de estabilización económica y crecimiento, que recobre el poder de compra de los ingresos laborales, como elemento central en la recuperación de los incentivos de los jóvenes para acumular más capital humano. Venezuela se encuentra a la cola de la región en sus indicadores de movilidad educativa ascendente. La reversión de esta tendencias es crucial para asegurar el progreso inclusivo y sostenible en Venezuela en los años por venir.

Notas

[1] Este fenómeno es conocido como “La curva del Gran Gatsby” por Alan Krueger

[2] El coeficiente Gini es una medida de desigualdad de ingresos que toma valores entre 0 (perfecta igualdad) y 1 (perfecta desigualdad).

[3] Estimaciones obtenidas del Banco Mundial.

[4] Producto, entre otras cosas, de  la caída de los ingresos reales de los padres a través de las generaciones.

[5] Una limitación que enfrenta esta metodología es que no permite identificar los hijos e hijas que no residen con sus padres, debido a la ausencia de microdatos longitudinales que permitan seguir en el tiempo a una determinada familia. Sin embargo, permite tener una primera aproximación a la movilidad en educación en Venezuela. Para detalles metodológicos ver Berniell, Mata y Schargrodsky (2022).

[6] La medida de movilidad absoluta es una métrica que compara el nivel educativo de los padres con el de los hijos, independientemente si esta es menor o mayor. Se mide cómo la proporción de hijos con nivel educativo distinto al de sus padres con respecto al total.

[7] Correspondientemente, la medida de movilidad ascendente mide solo la proporción de hijos que superan el nivel educativo de sus padres con respecto al total.

[8] A diferencia del Gráfico 2, la medida del Banco Mundial excluye aquellos padres que llegaron a la máxima categoría educativa (educación terciaria).

[9] La movilidad es expresada como la proporción de hijos que superan el nivel educativo de sus padres condicionada a que los padres no hayan obtenido educación terciaria, de modo que todos los individuos incluidos tengan la posibilidad de superar a sus padres (Van der Weide, et al, 2021). Los datos corresponden a 2017, salvo para Guatemala (2014), Perú (2014), Ecuador (2013), Colombia (2013) y México (2011). La movilidad de Venezuela se calculó siguiendo el mismo enfoque de Van der Weide et al. (2021), utilizando datos de 2015 para asegurar la comparabilidad con el resto de Latinoamérica.

[10] https://anova-evidence.org/2019/09/09/los-ni-ni-jovenes-que-ni-trabajan-ni-estudian-en-venezuela/

Referencias

Banco Mundial (2023). Global Database on Intergenerational Mobility.

Becker, G., Kominers, S., Murphy, K. y Spenkuch, J. (2018). A Theory of Intergenerational Mobility.

Berniell, Mata y Schargrodsky (2022). RED 2022 – Capítulo 1: Movilidad intergeneracional en América Latina y el Caribe ¿cuánto, cómo y por qué importa?

Cholly, N. y Durlauf, S. (2022). Intergenerational Mobility. NBER Working Paper 29760.

Corak, M. (2013). Income Inequality, Equality of Opportunity, and Intergenerational Mobility.

Heckman, J. (2013). “The Economics and Econometrics of Human Development.”

Mazumber, B. (2022). Intergenerational Economic Mobility in the United States. Policy Brief, Federal Reserve Bank of Chicago.

Van Der Weide, R.; Lakner, C.; Mahler, D.; Narayan, A.; Nichanametla, R. (2021). Intergenerational Mobility around the World (English). Policy Research working paper, no. WPS 9707.

Xie, Y. y Killewad, A. (2013). Intergenerational Occupational Mobility in Great Britain and the United States Since 1850: Comment. American Economic Review 2013, 103(5): 2003–2020.

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